Haciendo una pequeña retrospectiva
sobre el caso Bogado, las restricciones por parte de restaurantes y locales
comerciales, pero por sobre todo la no asistencia de Bogado a la colación de su
hija en el colegio Internacional. Dejando de lado el nombre del colegio en sí y
acentuando más bien el hecho de haber recurrido a la educación privada para sus
hijos pensé: ¿Y por qué no mando a su hija a un colegio público, del Estado?,
lo primero que me vino como respuesta fue “ni ellos confían en el trabajo que están desempeñando,
por eso recurren a la educación privada”.
Recapacitando un poco más parece
que recurriendo a la educación privada se crea un universo paralelo, una
realidad tan paralela que transmite percepciones equivocadas sobre la realidad
nacional, lo cual impide que sientan el impacto de sus decisiones en términos
generales y por sobre todo que no reflexionen sobre esas decisiones antes de
tomarla”. Cavilando más a fondo me pregunte ¿Cómo pueden saber qué es lo que necesita
la educación pública o cualquier sector en general, si ellos no viven las
consecuencias ni recurren a ella?, ¿Cuál es el compromiso, cual es la visión?.
En este escenario, “le doy la
mejor educación a mi hija” – que es privada – “la mejor atención en su salud” –
que es privada – “el medio de transporte más cómodo” – automóvil –. Este contexto es muy probable que se dé en la
rutina de los funcionarios públicos de más alto rango de este país – entiéndase;
Senadores, Diputados, Ministros, Directores Generales y el mismísimo Presidente
de la República; todos los que tienen la posibilidad de crear un universo
paralelo mediante un cargo público, que existen para velar aspectos de la
sociedad, con la finalidad de cuidarles y protegerles – les pregunto: ¿No creen
que usar los servicios que provee el Estado dará legitimidad y por sobre todo
seguimiento a las decisiones políticas que tomaron y seguirán tomando para
mejorar la calidad vida de todos nosotros?.
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