Gran parte del debate en torno al medio ambiente
y el desarrollo económico tiene relación con el problema de las pautas de
consumo. Este alude a los bienes, servicios y recursos que utilizan las
personas, las instituciones y las sociedades. Por una parte los niveles
crecientes de consumo en todo el mundo suponen que las personas viven en
mejores condiciones que en épocas pasadas.
Lo útil o necesario ya no lo definen las personas,
sino las grandes empresas publicitarias y los medios de comunicación, hemos
creado una civilización que trabaja tanto que ya no dispone tiempo para
ocuparse de cosas básicas y esenciales de la vida como compartir momentos con
amigos y/o familia. Nuestro tiempo libre es tan limitado que lo único que se
hace y se puede hacer al llegar a casa es prender la televisión y comprar. El
consumo y el progreso se relacionan directamente con el desarrollo económico y
el “éxito” ya que a medida que sube el nivel de vida, la gente puede permitirse
más comida, más ropa, artículos personales, tiempo de ocio, vacaciones,
vehículos, etc. Pero por otra parte ese progreso y éxito como lo conocemos hoy
día pueden tener consecuencias negativas, esas pautas establecidas de consumo
pueden dañar los recursos medioambientales básicos y acentuar las pautas de
desigualdad ya que la diferencia entre ricos y pobres en cuanto al consumo son
bastante significativas. Mayor cantidad de consumo = éxito.
Esas pautas de consumo no solo son muy
desiguales, sino que están teniendo un grave impacto en el medio ambiente. Por
ejemplo: el consumo de agua potable se ha duplicado desde 1960, la combustión
de carburantes fósiles casi se ha quintuplicado en los últimos cincuenta años y
el consumo de madera se ha incrementado en un 40% respecto hace veinticinco
años. Los bancos de pesca disminuyen, las especies salvajes se extinguen, las
reservas de agua se reducen y mengua el tamaño de las áreas boscosas. Las
pautas de consumo no solo están agotando los recursos naturales actuales, que
los residuos y las emisiones nocivas
también contribuyen a su degradación. Está desplazando a comunidades enteras a
grandes ciudades formando barrios marginales, acabando igualmente con la
identidad de lo que fueran dichas comunidades, ya no somos jóvenes, adultos,
madres ni maestros, somos consumidores.
Finalmente, aunque los ricos sean los principales
consumidores en el mundo, a quienes más afecta el deterioro del medioambiente
que causa el aumento del consumo es a los pobres. Los ricos se encuentran en
mejor posición para disfrutar de los
muchos beneficios del consumo sin tener que enfrentarse a los efectos negativos
ya que fácilmente pueden apartarse de las áreas problemáticas.
Las plantas químicas, las centrales eléctricas y
las principales carreteras, ríos, aeropuertos suelen estar situados cerca de
áreas de más bajo ingresos. Desde un punto de vista más global se puede
apreciar un proceso similar: la degradación del suelo, la deforestación, la
escasez de agua, las emisiones de plomo y la contaminación atmosférica se
concentran en el mundo en vías de desarrollo. La pobreza también intensifica
las amenazas medioambientales, quienes cuentan con menos recursos no tienen más
remedio que maximizar aquellos de los que disponen. En consecuencia, al
aumentar la población humana, crece la presión sobre unos recursos básicos
decrecientes.
Bibliografía:
Giddens, Anthony. Sociología.
Alianza Editorial, 2010.
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