viernes, 25 de abril de 2014

Consumo, medio ambiente y pobreza.

Gran parte del debate en torno al medio ambiente y el desarrollo económico tiene relación con el problema de las pautas de consumo. Este alude a los bienes, servicios y recursos que utilizan las personas, las instituciones y las sociedades. Por una parte los niveles crecientes de consumo en todo el mundo suponen que las personas viven en mejores condiciones que en épocas pasadas.
  
Lo útil o necesario ya no lo definen las personas, sino las grandes empresas publicitarias y los medios de comunicación, hemos creado una civilización que trabaja tanto que ya no dispone tiempo para ocuparse de cosas básicas y esenciales de la vida como compartir momentos con amigos y/o familia. Nuestro tiempo libre es tan limitado que lo único que se hace y se puede hacer al llegar a casa es prender la televisión y comprar. El consumo y el progreso se relacionan directamente con el desarrollo económico y el “éxito” ya que a medida que sube el nivel de vida, la gente puede permitirse más comida, más ropa, artículos personales, tiempo de ocio, vacaciones, vehículos, etc. Pero por otra parte ese progreso y éxito como lo conocemos hoy día pueden tener consecuencias negativas, esas pautas establecidas de consumo pueden dañar los recursos medioambientales básicos y acentuar las pautas de desigualdad ya que la diferencia entre ricos y pobres en cuanto al consumo son bastante significativas. Mayor cantidad de consumo = éxito.

Esas pautas de consumo no solo son muy desiguales, sino que están teniendo un grave impacto en el medio ambiente. Por ejemplo: el consumo de agua potable se ha duplicado desde 1960, la combustión de carburantes fósiles casi se ha quintuplicado en los últimos cincuenta años y el consumo de madera se ha incrementado en un 40% respecto hace veinticinco años. Los bancos de pesca disminuyen, las especies salvajes se extinguen, las reservas de agua se reducen y mengua el tamaño de las áreas boscosas. Las pautas de consumo no solo están agotando los recursos naturales actuales, que los residuos y las emisiones  nocivas también contribuyen a su degradación. Está desplazando a comunidades enteras a grandes ciudades formando barrios marginales, acabando igualmente con la identidad de lo que fueran dichas comunidades, ya no somos jóvenes, adultos, madres ni maestros, somos consumidores.

Finalmente, aunque los ricos sean los principales consumidores en el mundo, a quienes más afecta el deterioro del medioambiente que causa el aumento del consumo es a los pobres. Los ricos se encuentran en mejor posición  para disfrutar de los muchos beneficios del consumo sin tener que enfrentarse a los efectos negativos ya que fácilmente pueden apartarse de las áreas problemáticas.


Las plantas químicas, las centrales eléctricas y las principales carreteras, ríos, aeropuertos suelen estar situados cerca de áreas de más bajo ingresos. Desde un punto de vista más global se puede apreciar un proceso similar: la degradación del suelo, la deforestación, la escasez de agua, las emisiones de plomo y la contaminación atmosférica se concentran en el mundo en vías de desarrollo. La pobreza también intensifica las amenazas medioambientales, quienes cuentan con menos recursos no tienen más remedio que maximizar aquellos de los que disponen. En consecuencia, al aumentar la población humana, crece la presión sobre unos recursos básicos decrecientes.

Bibliografía:
Giddens, Anthony. Sociología. Alianza Editorial, 2010.

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